dijous, 23 d’octubre del 2008

Sobrevivir a un totalitarismo

Hace 13 días que no escribo nada. Críticas recibidas. Soy un desastre absoluto, aunque reprendo esta página con fuerzas renovadas. Empecé a escribir este post ayer por la noche, cuando llevaba más de 12 horas en el trabajo. Unas horas antes Solbes salía de la redacción. Le gustó mucho el diseño de las oficinas. ¡Si es que esta santa casa donde trabajo es la repanocha! (sic). Pero está claro que no voy a hablaros de nuestro ministro de Economía y Hacienda. Bastante tengo cada día con bolsas, déficits e inflaciones varios.

No. Hoy le toca repaso a Milan Kundera. Lo que me costó a los 16 o 17 años zamparme La insoportable levedad del ser, La inmortalidad o La broma. ¡Pero cuánto los disfruté! Kundera ha sido acusado en un artículo en la revista checa Respekt de haber delatado a un compañero estudiante a la policía comunista. Dicho "espía" pidió a una amiga que le alojase una noche de 1950 en la residencia de estudiantes donde ésta vivía. Esa noche el estudiante es arrestado y condenado a 22 años de trabajos forzados. Cumple 13 y escapa a Occidente, estando convencido toda su vida de que fue su amiga quién lo delató.

Sin embargo, 58 años después, en su lecho de muerte, el marido de la supuesta delatora, que también sabía que el "espía" pasaría una noche escondido en la habitación de su esposa, confiesa que habló con otra persona sobre ese hecho. Otro estudiante, de nombre Milan Kundera. Esta historia fue investigada por dos redactores de la revista Respekt, que encontraron un documento de la policía que recoge una presunta denuncia de un tal Milan Kundera contra el "espía" en cuestión. No hay firmas ni tampoco el "DNI" checo del denunciante, que según parece, era preceptivo para formalizar cualquier reclamación.

El escritor checo ha negado rotundamente las acusaciones, aunque es cierto que las coincidencias son muchas. Si fuera cierto, lo lleguemos a saber o no, se uniría a una lista cada vez más larga de intelectuales delatores, espías o colaboracionistas con regímenes totalitarios. Ahí se encuentran Günter Grass y sus escarceos juveniles con el nazismo, o a otro nivel, las acusaciones vertidas sobre el periodista Ryszard Kapuscinki.

Me sigue sorprendiendo la capacidad de las dictaduras de sacar lo peor que hay en cada uno de nosotros. Nos han bombardeado con el daño que han generado los derechismos extremos, pero mucho cuidado con el socialismo totalitario. Se me pone la piel de gallina sólo al pensar en casos como los que se explican en La Vida de los Otros. Que nadie se quede con la versión dulcificada de la RDA que plantea Goodbye Lenin.

En todo caso, volviendo a Kundera, sea verdad o no lo publicado, ahí queda en su expediente, junto con las espléndidas obras que han salido de manos y su cerebro.

divendres, 10 d’octubre del 2008

Vacances pagades d'en Woody a "titotitotitotito Barselonaaaaaaaa!"

Deures fets. Suposo que s'havia de veure. O potser de fet no calia. Tant és, el cas és que la darrera bajanada del Woody Allen ja ha caigut a la cistella de coses vistes. Veredicte? Un xurro. Fins fa relativament poc aquest home anava a pel.lícula per any posant al mercat productes decentíssims i, de tant en tant, autèntiques joies. Ara, el geni de Manhattan mantén el ritme frenètic de pel.lícula per any, però s'ha convertit més aviat en una màquina de xurros. Scoop em va semblar molt fluixa i Cassandra's Dream directament un fàstic. L'excepció que confirma la regla: Match Point. Fantàstica.

Vicky Cristina Barcelona. Títol ja de per sí amb poca gràcia. Tenim un del personatges que es diu Vicky, l'altre Cristina. Passen unes vacances a la nostra estimada ciutat. Títol de la pel.lícula? Vicky Cristina Barcelona. El que se'n diu ingeniós. Doncs bé, la cosa va així: dues noies americanes molt guapes se'n van de vacances a terres catalanes, convidades per una parella també de ianquis que viuen en un palau al Tibidabo. Una fa una tesi sobre la identitat catalana (tema de tesi que es veu que ningú no havia tractat. Nota al peu: ella no parla un borrall de català ni espanyol, no té ni la més remota idea de les costums, i és la primera vegada que trepitja la nostra terra. Que per què decideix fer una tesi sobre el catalans? Whatever.) i l'altra, la Johansson, no fa res.

En una exposició coincideixen amb el Javier Bardem, artista i latin lover a parts iguals, amb un pare que viu a Oviedo però que és l'únic que té accent català a tota la pel.li. Fascinant. La Victorina, la Cristineta i el "Xavi" es recorren el més típic i tòpic de la Ciutat Comtal a ritme d'una musiqueta odiosa (titotitotitotitotito Barselonaaaaaaaa!) i entre una cosa i l'altra, es van liant a l'espera que arribi l'exdona del pintor. (titotitotitotitotito Barselonaaaaaaaa!)

I la ex fa acte de presència en cos i ànima d'una histèrica Penélope Cruz. Aquí la història s'anima una mica, ja que ella i en Bardem li posen salsa. I mira que em sap greu dir això, perquè precisament la Cruz no és sant de la meva devoció. Pero el seu "I can't live with or without you" amb l'oscaritzat madrileny són les úniques escenes amb substància. I de mentres, titotitotitotitotito Barselonaaaaaaaa! (grrrrrrrrrrrr)

La resta fa una mica de pena. El personal masculí estarà encantat amb la presència de la voluptuosa Scarlett. La veritat és que està molt guapa, però lluny de Match Point. Això sí, té el paper més avorrit i absurd de la pel.lícula. En aquest sentit li dóna mil voltes la Rebecca Hall, que d'altra banda també és molt atractiva, tot i que menys morbosa. En Bardem té punts, però perd pistonada a mesura que avança l'invent. I sempre és d'agrair que aparegui la Patricia Clarkson, tot i que en un paper més que testimonial. Que gran que és aquesta senyora! Fantàstica a Elegy o fent de germana hippy de la Ruth Fisher a Six feet under.
I bé, que tot comença més o menys com acaba. 96 minutets, però tot i així a estones se'm van fer llargs. I més quan titotitotitotitotito Barselonaaaaaaaa! I és que ben poca cosa hi havia a explicar. Això sí, enlluernada amb una preciosa i irreal Barcelona, trufada amb el malson de veure la Lloll o el Joel Joan, però sense l'únic cameo que podria tenir gràcia: el d'en Joan Pera, la inconfusible veu catalana i castellana d'en Woody Allen. Per contra hi trobem en Bassas (que jo no vaig veure) i en Joan Laporta, en una escena que finalment va ser tallada del metratge. Una pena (o no).
Fins aquí les vacances pagades per Mediapro de Woody Allen a Barcelona. Una pel.lícula per encàrrec, intrascent i que solsament es deixa veure. Lluïment per a en Bardem i sobretot per la Cruz, que segurament rebrà nova nominació a l'Òscar. I per l'any vinent, nova empenta per al turisme de la capital catalana, que suposo que és bàsicament el que es pretenia amb aquest invent. (titotitotitotitotito Barselonaaaaaaaa!) .

diumenge, 5 d’octubre del 2008

En la retina

Hay imágenes, impresas en celuloide, imborrables. Millones. Distintas para cada cual. Fotogramas con los que no podemos evitar una sonrisa, o deshacernos en lágrimas, o aguantar la respiración. aquí algunas de mis elecciones.

El adiós a Paul Newman me ha devuelto una que él protagoniza. La habréis visto decenas de veces, con esa banda sonora pícara, granuja y vital. Butch Cassidy y su baile ciclista con Catherine Ross. Payaso y encantador, pasea sus acrobacias circenses ante la encantada chica de su amigo Sundance Kid. La verdad es que el Sr. Newman tiene decenas de otras escenas memorables, como el discurso final de Veredicto, de Sidney Lumet; sus precisos golpes sobre las verdísimas mesas de billar de El Color del Dinero; o el disgusto reiterado y alcohólico con el que mira a una bellísima Elizabeth Taylor en La Gata sobre el Tejado de Zinc. Pero para mí, ninguna tan dulce como esta. Disfrutadla!

Charles Chaplin me fascina. Desde los orígenes del Charlot más grosero y antipático a su transformación en el vagabundo triste, solitario y humano que todos tenemos en la memoria. No es necesaria una solo palabra para reirnos a carcajadas. Lo comprobé el otro día en el CaixaForum de Madrid, que hace una retrospectiva en imágenes del genio. Se pueden tener 7 o 70 años. Todos somos incapaces de permanecer serios ante el torrente de gestos y movimientos del entrañable clown del bombín y el bastón. Ya puede pasar el tiempo. El sonido acabó con Charlot, que se resistió a emitir una sola palabra. La única voz que le oímos fue una canción con la que nos abandonó para dar la bienvenida al Chaplin más social y político. Aquel al que América denegó poner pie en su suelo, a considerarlo un comunista. Aquel que firmó El Gran Dictador, Luces de la ciudad o Candilejas. Mis secuencias más mágicas: el baile de los panecillos, el festín del zapato en la Quimera del Oro y, sobre todo, a escena final de El Chico.

Trois Couleurs: Bleu. Sé que es una película lenta, triste, en la que casi no se dice una sola palabra. Ya lo sé. Pero me resulta fascinante. La dirección de escenas; el montaje, con esos fundidos a negro a mitad de escena que te desconciertan y aumentan la intensidad de lo que estás viendo; la música evocadora y a veces ensordecedora; y la mirada y cada uno de los gestos de Juliette Binoche. Esa Julie que no llora pese a su tragedia pero que es capaz de hacernos comprender absolutamente todo con su silencio, su sequedad y sus composiciones. Me encantan las escenas en las que ella se inspira: una anciana intentado reciclar una botella de vidrio, el ruido de la ciudad en una terraza de París, mientras el sol le calienta la cara, leyendo notas ya escritas... os dejo esta última.

El otro día me deshacía en elogios hacia el cuento que nos cuenta Harvey Keitel en Smoke. Pues no puedo dejar de volver a mencionarlo. Ya osconté lo que pensava de la película. Así que gozad del instante. Os presento a Auggie. (No he encontrado la versión en inglés, así que pierde muchísimo. Menos da una piedra).

Y ya por último, me despido con una de las escenas finales que más me ha impactado en los últimos tiempos. Se la debemos a David Cronenberg y a su Una Historia de Violencia. Tras todo lo ocurrido, la familia Stall se sienta a la mesa para cenar. Las miradas de Maria Bello y Viggo Mortensen son impagables. Aquí no os dejo la secuencia. estropearía la película si no la habéis visto. Y no quisiera estropear algo así a nadie.

Bueno, estas son algunas de "mis escenas" rememoradas estos días. ¿Qué decís vosotros?

divendres, 3 d’octubre del 2008

Fever!

Estos dos últimos días no ha habido crisis financiera para mí. Ni rescates de bancos en Estados Unidos ni en Europa, ni compañías inmobiliarias con el agua al cuello por la falta de crédito y la escasez de clientes, ni políticos de ningún país asegurando que los ahorros de sus ciudadanos no corren ningún peligro.

Crisis, what crisis? Como aquel disco de los Supertramp. Sin embargo, tengo que reconocer que el hastío que me provoca que unos miles de parásitos de la banca de inversión y lindezas derivadas, amparados en unos reguladores que hacen cualquier cosa menos controlar el buen funcionamiento de los mercados, no ha sido el motivo de mi desconnexión del mundo. Es bastante menos poético que eso. Se llama gripe, o resfriado monumental, o bajón supremo de las defensas… o qué se yo.

El mundo se ve de otro modo con fiebre. Pese al malestar, las horas pasan soñolientas entre la cama y el sofá. A media tarde y tras haber cambiado de canal un millón de veces en La 2, echan un reportaje de animalitos (¡gran novedad!), seguido de una oferta para comprar los vídeos de Rodríguez de la Fuente. Y me pregunto quién querría comprar ahora esos documentales. El hombre sería un pionero y haría maravillas con los bichos, pero en fin, que con los años que han pasado, anda que no ha habido avances con el Discovery Channel, el National Geographic y la madre que los trajo! Vale sí, que es la fauna ibérica, pero es que mi sentido patrio está por los suelos y lo que es “fauna ibérica” en sentido amplio, veo mucha todos los días.



En fin, igual será la fiebre, pero el documental de La 2, concretamente sobre los “delfines cabeza de melón” me lleva a ver Finding Nemo. O “Nimou”, en inglés. Empieza heavy metal. Un tiburón o una morena, en fin, un bicho malo, se carga a la mamá del pececito y a sus futuros 400 y pico hermanos. Pobres críos, igualito que con lo de la mamá de Bambi. Y luego la cosa se va endulzando, hasta el punto que me veo deseando que a “Nimou” y a su sobreprotector papá se los coma un calamar gigante. En cambio, tengo que decir que los tiburones que han formado un club a lo “alcohólicos anónimos” para ayudarse a no comer pescaditos inocentes me parece absurdamente divertido. Y por cierto, Eric Bana (ñamiiiiiiiiii) es la voz de uno de ellos, en concreto el tiburón martillo. Respecto a papá pez payaso y al niño pez payaso me remitiré a las palabras de Bruce, el tiburón gordote de los millones de dientes: “For a clown fish, he's not that funny”. ¡Cuánta razón! De nuevo me excuso... será la fiebre.

Y más cosas que he intentado ver entre pañuelos, antibiótico, eferalganes y alguna que otra cucharada de la sopa que me dejó mi madre antes de salir corriendo porque perdía el AVE de las cuatro a Barcelona: In her shoes (10 minutos, hasta mi querida Toni Colette logró asquearme. Y por Dios, que alguien rescate a Shirley McLane, la Fed por ejemplo, que tiene práctica últimamente. Que devuelvan a la vida a Jack Lemmon y a Billy Wilder para devolverla al camino, os lo pido por favor!). Must love dogs. Esta la echaban en TeleMadrid o algo así... sí, con John Cusack y Diane Lane, pero terrible!

Así que por favor programadores de televisión, hacedme un favor y poned algo cuando menos decente. O por favor virus varios, dejad que me recupere cuando menos un poco para que sea capaz de leer durante media hora sin que me estalle la cabeza, o para salir un ratito a la calle a airearme y dejar atrás este piso donde no se oye nada. Al final me desquiciaré y hablaré con las paredes. Otra vez me disculpo. Será la fiebre.