dilluns, 12 de gener del 2009

De donde no se vuelve

Madrid se congela. El manto blanco de la nevada del viernes todavía aguanta sobre parques, parterres, tejados y esquinas olvidadas por el sol. No hay ni una sola nube en el cielo y al mediodía, los tibios rayos de luz te acarician más que la cara, el alma. Pero llegan las cinco de la tarde, se acaba el respiro y todos los termómetros lucen con un chillón signo negativo.

Entre semana una sale de la oficina con ganas de aire fresco, pero tras andar veinte pasos el aire helado y seco te hiela los pulmones y el frío se extiende a todo el cuerpo. Metro y para casa. Sin embargo cuando llega el sábado las paredes del piso parecen encoger y no hay Celsius ni Farenheid capaz de mantenerte en casa pese a que El Retiro recuerda al Bygeland de Oslo en lo más crudo del crudo invierno. Y es entonces cuando piensas en todas las recomendaciones que has ido coleccionando y que van a sacar de cartel. Y te plantas en la puerta del Reina Sofía con cara de frío ante el de seguridad para que te deje quedar a cubierto mientras esperas a que llegue la persona con la que has quedado. El guarda te sonríe y te busca un rinconcillo donde engañar al aire gélido que se cuela por la puerta.

Y te metes a ver la exposición de fotografías de Alberto García-Alix que lleva el melancólico título de De donde no se vuelve. La temperatura de las salas te revive, pero ante la visión de las primeras fotografías el frío vuelve a golpetotes racheados. La mayoría son retratos en blanco y negro de su pandilla de juventud y de gente que se cruzó en su camino en el apogeo de los excesos de la movida madrileña. Unos ochentas dominados por la locura, el descaro, la creatividad y, también, o sobre todo también, por la heroína. Sexo, drogas, motos, tatuajes y mucho rock'n'roll.

"¡Hay que bailar! Y eso hicimos la mayoría de la pandilla. Tere y yo, Willy, Fernando, Rosa, Chito y Magui, Manolo... / Bailar con dragones de color dorado. / Noche y día, alimentamos un demonio por nuestras venas. / Años con la sonrisa muerta en las pupilas y el corazón desbocado. Anestesiamos amor y dolor. / La heroína funde tiempo y espacio. Destruye toda ambición de ser... // Esa es su fuerza. / La heroína tiene un precio. / Hay que pagarlo. / Mala suerte y dolor".

De donde no se vuelve recorre ese pasado de frenesí dominado por las jeringas y los amigos que ya no están. Sin embargo no es un homenaje a esos excesos ni destila ningún romanticismo sobre la muerte. Sus retratos, expresivos y punzantes, desprenden más dolor que nostalgia. Y por si no fuera suficiente con las instantáneas, el propio García-Alix cierra la muestra con sus propias palabras en un vídeo lírico y macarra en el que se confiesa como fotógrafo.

"Un fotógrafo no inventa realidades, produce tipologías de miradas para enfrentarse a ella"

No hay como ser bueno en algo, aunque todo tiene su precio. Hoy os dejo con The Wrestler, de mi querido Springsteen en su versión más intimista, ganadora del Globo de Oro a la mejor canción. No sé si seria una buena banda sonora para la muestra, pero a mi se me antoja adecuada.
Foto1: El Retiro tras la nevada del pasado viernes.
Foto2: Autorretrato de Carlos Gargía-Alix.

2 comentaris:

Incitatus ha dit...

Bona tria d'oci pel cap de setmana, ja podrien aprendre altres... Acabo de sentir que tornar a nevar a Madrid, no se nos hiele!!!

Anònim ha dit...

que bueno este post, tan bueno como esa magnifica exposicion- viaje de Garcia Alix entre la muerte y el sueño, ese baile placentero y melancolico con la macabra muerte, una leccion de poesia en imagenes, belleza total