
No me gusta la televisión. Soy incapaz de seguir un reality show. Detesto los concursos. Me aburre y me da vergüenza ajena que la gente tenga que hacer el tonto en la tele para ganar unos euros frente a un presentador ganso. Y asesinaría a todas y cada una de las personas que componen el mundo del corazón, a uno y otro lado de la cámara.
Nada de esto dice mucho de mí, que me paso al menos 9 horas diarias en el universo de la información. Pero es cierto, no se me da nada bien lo de ser espectadora. Mal hecho por mi parte.Y ahora habrá quién diga: "pues con la de buenas series que algunas productoras estadounidenses se están sacando de la manga…" Pues toda la razón. Y a eso vamos, a levantar un monumento a HBO. Y es que mi vida ya no es la misma desde que hace 5 o 6 años conocí a la familia Fisher. Nate, David, Ruth, Claire, Brenda o Nathaniel me devolvieron el interés por la pequeña pantalla como medio de entretenimiento. Nos visitaban una vez por semana en la 2, creo que los jueves, y a horas cada vez más intempestivas.
Les descubrí por casualidad, a la espera de la llegada del Sr. Gasset y sus Días de Cine. A dos metros bajo tierra fue maltratada como cualquier buena serie que se precie. Cambios de horarios sin previo aviso, repetición de capítulos, mezcla de temporadas… hasta que finalmente llegó el DVD y las temibles descargas de Internet. Y se acabó A Dos Metros Bajo Tierra para convertirse en Six Feet Under. Desde entonces sus rarezas tan humanas y a menudo tan miserables ya están en mi cabeza con la voz amigable de Peter Krause, la gravedad del tono de Michael C. Hall, los peculiares ataques de histeria en la garganta de Frances Conroy y, sobre todo, la madurísimos y burletas chorros de palabras de Lauren Ambrose. Será que me gustan los perros verdes, porque si recuerdo con placer esperar a la madrugada para ver por la tele a un grupo de gente rara tengo que remontarme a Doctor en Alaska.
Six Feet Under da para mucho, así que ya me entretendré a escribir sobre mis neuras derivadas y fomentadas por esta familia de funerarios. Cuando veo en mi ordenador la cotización de Funespaña no puedo dejar de pensar en ellos. (Estoy fatal, lo sé). También vinieron a mi memoria cuando puse un pie en Estados Unidos, país trufado de estas familiares "funeral homes". En fin, que hace ya tiempo que ando buscando sustituto a mis queridos Fisher, de momento sin demasiado éxito. Me enganché a Dexter en Londres, a la espera que Michael C. Hall obrara el milagro. Y no hay reproches para él. La idea de la serie es imaginativa y con mucho jugo. Sin embargo, no me acaba de convencer su desarrollo. También me desalienta la falta de miga del conjunto de personajes, que no acompañan como es debido al protagonista.

Nada de esto dice mucho de mí, que me paso al menos 9 horas diarias en el universo de la información. Pero es cierto, no se me da nada bien lo de ser espectadora. Mal hecho por mi parte.Y ahora habrá quién diga: "pues con la de buenas series que algunas productoras estadounidenses se están sacando de la manga…" Pues toda la razón. Y a eso vamos, a levantar un monumento a HBO. Y es que mi vida ya no es la misma desde que hace 5 o 6 años conocí a la familia Fisher. Nate, David, Ruth, Claire, Brenda o Nathaniel me devolvieron el interés por la pequeña pantalla como medio de entretenimiento. Nos visitaban una vez por semana en la 2, creo que los jueves, y a horas cada vez más intempestivas.
Les descubrí por casualidad, a la espera de la llegada del Sr. Gasset y sus Días de Cine. A dos metros bajo tierra fue maltratada como cualquier buena serie que se precie. Cambios de horarios sin previo aviso, repetición de capítulos, mezcla de temporadas… hasta que finalmente llegó el DVD y las temibles descargas de Internet. Y se acabó A Dos Metros Bajo Tierra para convertirse en Six Feet Under. Desde entonces sus rarezas tan humanas y a menudo tan miserables ya están en mi cabeza con la voz amigable de Peter Krause, la gravedad del tono de Michael C. Hall, los peculiares ataques de histeria en la garganta de Frances Conroy y, sobre todo, la madurísimos y burletas chorros de palabras de Lauren Ambrose. Será que me gustan los perros verdes, porque si recuerdo con placer esperar a la madrugada para ver por la tele a un grupo de gente rara tengo que remontarme a Doctor en Alaska.
Six Feet Under da para mucho, así que ya me entretendré a escribir sobre mis neuras derivadas y fomentadas por esta familia de funerarios. Cuando veo en mi ordenador la cotización de Funespaña no puedo dejar de pensar en ellos. (Estoy fatal, lo sé). También vinieron a mi memoria cuando puse un pie en Estados Unidos, país trufado de estas familiares "funeral homes". En fin, que hace ya tiempo que ando buscando sustituto a mis queridos Fisher, de momento sin demasiado éxito. Me enganché a Dexter en Londres, a la espera que Michael C. Hall obrara el milagro. Y no hay reproches para él. La idea de la serie es imaginativa y con mucho jugo. Sin embargo, no me acaba de convencer su desarrollo. También me desalienta la falta de miga del conjunto de personajes, que no acompañan como es debido al protagonista.
Siguiendo con los chicos de Six Feet Under, tengo ganas de ver cómo se las arregla Peter Krause en Sexy Money, pero le va a costar dejar de ser Nate, por lo menos para mi. Y los deberes… muchos. Recuperar The Wire, porque el visionado de los primeros capítulos en el slang de la droga en Baltimore me dejaron sin entender nada. Esta vez me procuraré subtítulos. Volver a empezar con los Soprano y verla como Dios manda. Y ponerme manos a la obra con Mad Men. Vaya, muchos deberes.
PS: Hoy empieza el otoño. A disfrutarlo!

5 comentaris:
Uff... jo amb les sèries sí que m'haig de fer deures. Ara per ara, m'esperen els primers capítols de Generation Kill, Los Soprano i John Adams també estan a la llista que és llarga. A vegades em sento una mica extraterrestre perquè no m'he ficat de ple en el món serial, i veig a molta gent al meu voltant enganxadíssima. Bona entrada en la tardor!!
Ei, gran post! Totalment d'acord: això de les sèries és un no parar. En van sortint com si fossin bolets. Les descobreixes de dos en dos, o de tres en tres, i és impossible veure-ho tot.
Sobre Six Feet Under: espectacular primera temporada, de lo mejorcito de la tele per a mi. La segona baixa una mica, té altibaixos, però manté un nivell bo. La tercera i la quarta temporades són força més fluixes. I ara he començat la cinquena, que sembla que ha recuperat el to i promet bastant.
I sobre Dexter: TOTALMENTE EN DESACUERDO, JOSE MARÍA! Dexter és un peazo de serie, i des del protagonista fins a la seva germana, passant pel sargent Doakes o la guarra anglesa de la segona temporada, tots els personatges em posen catxondo. Llarga vida a Dexter. A veure quan arriba la 3ª temporada!
Yo encuentro a faltar la que, a mi gusto, es la mejor serie de los últimos años: The West Wing. Bartlet for America (in 2008)!
Yo, ya puestos a tocar la pera, creo que me falta un pequeño homenaje a las series inglesas. Sí, se que hay que remontarse al principio de los tiempos de la televisión pero aquí falta, sin duda, Black Adder...
Ah, y unos deberes: una crítica a las series españolas. Pero antes de que se tire en plancha a descuartizarlas, recuerde que la medio enganché a "Cuestión de sexo" y a alguna otra que no nombraré porque sé que la autora de este blog tiene una larga serie de fans intelectuales a los que les costaría entender según qué cosas... :)
Por mi parte, he visto poco de Six Feet Under (de hecho, sólo el primer episodio junto con Musaranyeta y Bigmouth) pero he de reconocer que pinta muy bien.
Sobre "Northern Exposure"... que puedo decir!! Me encanta el guión, la localización y los personajes: él (judio pijo empanado); ella (piloto cartera chulita independiente); el él con mayúsculas (expresidiario buenorro locutor de radio); y todos los demás. Desde la enfermera-india-no.me.muevo.de.aqui.a.no.ser.que.se.fundan.los.dos.polos.a.la.vez; hasta el alcalde convencido de la teoría de la confabulación contra él; pasando por la lista/tonta de la camarera del bar y el listo/tonto de su marido... Por no hablar de la viejilla de la tienda de comestibles!! en fin, grandes!!!!!
Queda apuntado lo de las series españolas, aunque ya os advierto que el post será más bien corto. Respecto a las series inglesas, enormes. Me refería en el post a las series más actuales, y sí Pere, me dejé El ala oeste..., que también está en nevera.
Respecto a las inglesas, nada sería igual en este mundo sin Brideshead Revisited, a la que ya hice referencia por aquí. También tengo un recuerdo especial de A dalt i a baix, y de ahí el gusto de ver ese particular homenaje que le hace Robert Altman en Gosford Park... pero os cuento luego!
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