
Sin un solo trailer para calentar motores. Hundida en la butaca mullida y de un rojo intenso de un cine de versión original de Madrid. Y sin más se apagan las luces y las imágenes empiezan a reptar por la pantalla. Los ojos claros en la cara recién lavada de Kristin Scott Thomas miran absortos a ninguna parte. Entremezclados con su soledad se pasean los título de crédito.
Y de ahí parte la historia, de la que vamos conociendo detalles con cuentagotas. El reencuentro de dos hermanas. Juliette sale de la cárcel tras 15 años. Léa va a recoger a una persona que ya apenas conoce y sobre todo, que no alcanza a comprender. Son gente acomodada. Juliette era médico antes de ingresar en prisión. Léa es profesora universitaria y vive en una preciosa casa con su marido, el padre de éste y sus dos hijas adoptadas. Y Juliette entra en sus vidas, casi como si hubiera surgido de la nada. Sólo Léa y su esposo conocen su crimen, un acto que les atormenta a cada uno a su manera. Juliette nunca ha abierto la boca para hablar de ese día, ni tan siquiera durante el juicio.
Gota a gota vamos conociendo un poco más a las dos hermanas, más que por sus palabras, a través de sobreentendidos, que dejan al espectador pidiendo más en cada secuencia. Y poco a poco nos adentramos en esta exploración sobre el miedo, la culpa y la redención. Todo ello de la mano de una inmensa Kristin Scott Thomas y su impecable francés.
Sobria como nunca y capaz de transmitir el más leve movimiento de su alma con un mínimo gesto o una mirada. Al estilo de la portentosa Juliette Binoche de Tres colores: Azul. La antítesis dels histrionismo y la cúspide de la emoción. Os remito a un detalle, un plano que me puso los pelos de punta. Juliette conversa con un amigo de la familia que le explica alguna de sus vivencias como voluntario en una prisión. Hasta ese punto de la película, ella no ha mostrado apenas emoción alguna respecto a sus vivencias. Pero con las palabras de él algo se mueve en su interior y lo vemos en un centelleo de sus ojos, al inhalar aire ligeramente con más fuerza que en el resto de sus respiraciones. Son sólo tres segundos, sutiles y conmovedores.
Y llegan las explicaciones, de las que obviamente no os voy a dar parte. El plato más flojo, ligera decepción. Porque a veces las explicaciones son innecesarias, sobre todo si llevas rato viendo por dónde van los tiros. Pero yendo más allá, me pregunto qué habría sido de un final menos sensiblero, que no siempre liga con la actitud que Juliette mantiene a lo largo de toda la película. ¿Qué pasaría si la protagonista hubiera cometido un crimen sin paliativos y no uno al que una parte de la platea muy probablemente no llamarían como tal? Seguramente muchas menos lágrimas entre el público, entre las que se incluyen las de una servidora y las de otra catalufla conocida que tenía al lado. El tercero en discordia, un vasco-soriano que no abrió boca en toda la peli, se dice y se comenta que por lo menos lanzó algún puchero. A partir de ahora les llamaré X&Y.
Vaya, que el debut del francés Philippe Claudel podría haber sido redondo. Para mi no lo ha sido al 100%, que siempre me pierdo buscando la perfección cuando sé que es algo que no existe. De todas formas, ha sido uno de los filmes más interesantes e intensos que he visto este año junto a Antes que el diablo sepa que has muerto.
Y de ahí parte la historia, de la que vamos conociendo detalles con cuentagotas. El reencuentro de dos hermanas. Juliette sale de la cárcel tras 15 años. Léa va a recoger a una persona que ya apenas conoce y sobre todo, que no alcanza a comprender. Son gente acomodada. Juliette era médico antes de ingresar en prisión. Léa es profesora universitaria y vive en una preciosa casa con su marido, el padre de éste y sus dos hijas adoptadas. Y Juliette entra en sus vidas, casi como si hubiera surgido de la nada. Sólo Léa y su esposo conocen su crimen, un acto que les atormenta a cada uno a su manera. Juliette nunca ha abierto la boca para hablar de ese día, ni tan siquiera durante el juicio.
Gota a gota vamos conociendo un poco más a las dos hermanas, más que por sus palabras, a través de sobreentendidos, que dejan al espectador pidiendo más en cada secuencia. Y poco a poco nos adentramos en esta exploración sobre el miedo, la culpa y la redención. Todo ello de la mano de una inmensa Kristin Scott Thomas y su impecable francés.
Sobria como nunca y capaz de transmitir el más leve movimiento de su alma con un mínimo gesto o una mirada. Al estilo de la portentosa Juliette Binoche de Tres colores: Azul. La antítesis dels histrionismo y la cúspide de la emoción. Os remito a un detalle, un plano que me puso los pelos de punta. Juliette conversa con un amigo de la familia que le explica alguna de sus vivencias como voluntario en una prisión. Hasta ese punto de la película, ella no ha mostrado apenas emoción alguna respecto a sus vivencias. Pero con las palabras de él algo se mueve en su interior y lo vemos en un centelleo de sus ojos, al inhalar aire ligeramente con más fuerza que en el resto de sus respiraciones. Son sólo tres segundos, sutiles y conmovedores.
Y llegan las explicaciones, de las que obviamente no os voy a dar parte. El plato más flojo, ligera decepción. Porque a veces las explicaciones son innecesarias, sobre todo si llevas rato viendo por dónde van los tiros. Pero yendo más allá, me pregunto qué habría sido de un final menos sensiblero, que no siempre liga con la actitud que Juliette mantiene a lo largo de toda la película. ¿Qué pasaría si la protagonista hubiera cometido un crimen sin paliativos y no uno al que una parte de la platea muy probablemente no llamarían como tal? Seguramente muchas menos lágrimas entre el público, entre las que se incluyen las de una servidora y las de otra catalufla conocida que tenía al lado. El tercero en discordia, un vasco-soriano que no abrió boca en toda la peli, se dice y se comenta que por lo menos lanzó algún puchero. A partir de ahora les llamaré X&Y.
Vaya, que el debut del francés Philippe Claudel podría haber sido redondo. Para mi no lo ha sido al 100%, que siempre me pierdo buscando la perfección cuando sé que es algo que no existe. De todas formas, ha sido uno de los filmes más interesantes e intensos que he visto este año junto a Antes que el diablo sepa que has muerto.

6 comentaris:
X&Y...sort que m'agraden els Coldplay ;)
...no se m'acudia altra cosa. és canviable si m'oferiu una solució que m'agradi. En tot cas, respongui senyor!! Hubo pucheros?
Gran post. Com sempre tindré en compte les teves valoracions cinematogràfiques, i m'apunto el comentari de cara a properes excursions cinematogràfiques.
No hubo pucheros, pero cerca cerquita (perquè no admetre-ho), Kristin los merecía...
x... y.... i quina lletra vol voste, musaranyeta??? jo, per la part que veig que m'ha tocat em quedo amb la y... molt mes decent i integradora que la prohibitiva x (L'altra part de l'equacio hi esta d'acord, i tb, el meu altre ego -S.-). Per cert, aprofito la meva entrada a aquest gran blog per saludar incitatus... "salve, nouam iorcam visitata ti saluta!" unus petonitus!
jajajaja excel·lent lliçó de topònims neoyorkins en llatí, Y. Ens anirem veient per aquí! Petons!
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